505. Cuando el espíritu se halla en el estado de sus cosas interiores, se conoce claramente cuál y cómo era el hombre en sí mismo en el mundo, porque entonces obra por virtud de su propio; el que interiormente se hallaba en el bien en el mundo obra entonces racionalmente y sabiamente y más sabiamente que cuando estaba en el mundo, puesto que se halla libre del vínculo del cuerpo y por consiguiente de las cosas terrestres, que oscurecían y, por así decir, interponían una nube. Por otra parte, el que en el mundo se hallaba en el mal, obra entonces neciamente y locamente, más locamente que en el mundo, puesto que se halla en libertad y sin impedimento. Mientras vivía en el mundo era racional en lo exterior, porque por medio de esto presentaba la imagen de un hombre racional, por lo cual al serle quitado lo exterior, su locura se descubre. Un hombre malo que en lo exterior representa el bueno, puede compararse con un vaso exteriormente lustroso y pulido, cubierto con una tapa debajo de la cual hay toda clase de inmundicias, y como dijo el Señor:
Sois como sepulcros blanqueados, que de fuera parecen hermosos, pero de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad (Mateo 23:27).


